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Destino espacial: Venus (1960)

09/11/2013

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Pocas veces tenemos la posibilidad de encontrar una película de ciéncia ficción de serie B hecha al otro lado del telón de acero. Aquí la prueba de que, en el fondo, todo era más parecido de lo que se quería reconocer.

En el futuro año 1985 (sic), unos científicos descubren una bobina en el desierto, que aparentemente tenía alguna conexión con el incidente de Tunguska acaecido unos 80 año antes. La bobina resulta estar hecha de un material desconocido, y tras muchas investigaciones se deduce que se trata de un material artificial que podría haber sido parte de una nave espacial procedente de Venus, y que contiene un mensaje en un extraño idioma.

Rápidamente se inician los intentos de contactar con el planeta vecino para un posible encuentro entra ambas civilizaciones, pero al no recibir respuesta alguna deciden emprender mandar una nave hasta Venus. El equipo para la misión está formato por científicos de diferentes partes y etnias del mundo.

Tras un breve tiempo de viaje, llegan al planeta e intentan contactar con alguna forma de vida, pero los resultados siguen siendo negativos. Mientras planean la estrategia a seguir, logran cifrar el mensaje de la bobina y descubren una terrible verdad: los venusianos pretenden conquistar de la Tierra mediante la inyección de radiación en su atmósfera.

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Hablar de ciencia ficción siempre nos obliga a hablar de los efectos especiales. En ese sentido, la película no hace una muestra de impresionantes efectos especiales, pero los que contiene son muy acertados y bastante buenos para la época en la que se hicieron. El lanzamiento de la nave espacial tripulada es creible en todos los aspectos, así como la extraña ambientación de Venus, una buena forma de crear, a la vez, claustrofobia y espectación ante un ambiente tan maravilloso como hostil.

Se trata de una de las pocas obras cinematográficas que traspasaron el telón de acero y llegaron a tierras americanas de la mano de Roger Corman. Sorprendentemete, esta y las subsiguientes películas que el productor editaría no muestran muchas diferencias respecto a los filmes occidentales del mismo género. Y resulta curioso porque en el bloque soviético tenían estrictamente prohibido el visionado de películas “capitalistas”.

Cabe hacer una pequeña mención a la tripulación de la nave, y es que es la primera vez que en pantalla aparece una tripulación internacional, compuesta por gente de diferentes etnias. Así, encontramos a una alemán, un polaco, un africano, una japonesa un indio y un chino, entre otros, dentro de la nave espacial. Occidente tendría que esperar seis años hasta el estreno de Stark Trek para conocer una tripulación compuesta por individuos de diferentes etnias.

Se trata, pues, de una película aceptable que nos acerca un poco al punto de vista del cine soviético, con unos efectos especiales bastante buenos. De recomendado visionado.

La Garra Gigante (1957)

02/11/2013

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Además de los viajes espaciales, los años cincuenta se caracterizaron por el miedo a una posible infiltración comunista en los estamientos más importantes y mediáticos de la civilización occidental. Muchas películas plasmaron este sentimiento de “puede pasar en cualquier momento” con invasiones provinentes de lugares más lejanos y desconocidos.

Mientras participa en la prueba de un nuevo sistema de radar para el ejército estadounidense, Mitch MacAfee, ingeniero electrónico, detecta un objeto volador no identificado que viaja a gran velocidad. El ejército se pone en movimiento pero al principio no detecta nada, y lo achaca a una falsa alarma y a alucinaciones del experto. Pero pronto empezarán a recibir reportes de aviones que desaparecen por la zona donde MacAfee lo vió.

El ejército intenta destruir al objeto, que en realidad es un gigantesco pájaro, sin éxito. Ni los misiles ni las balas le hacen nada, mientras los aviones de combate caen a su paso. El doctor Karol Noymann, tras investigar los restos de los aparatos caídos, descubre que la criatura posee un escudo invisible de antimateria que destruye los objetos al contacto.

Junto a la matemática y analista de sistemas Sally Caldwell, MacAfee regresa a la ciudad en un avión del ejército, cuando de repente el objeto le ataca y el avión se estrella. Por fortuna, ambos sobreviven y son rescatados por un lugareño. Éste, les explica la leyenda de un ser con alas gigantes, cabeza de león y cuerpo de mujer que aparece en las noches de tormenta y que verlo es una señal de muerte.

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No se trata de una película mala, mal planteada o cutre. La trama, aunque genérica, es aceptable; el guión, aunque demasiado técnico en cuestiones físicas, decente; y la fotografía, muy buena. Los actores se meten de lleno en sus personajes, e incluso se dice que Jeff Morrow (el protagonista) hace gala de su mejor repertorio como actor. Se trata, pues, de una película que, sin ser tampoco una de las grandes producciones de la época, es correcta.

Sin embargo lo que hace desmerecer a la película y la convierte en un clásico del culto cutre es el propio monstruo en sí. Se suponía que su diseño debía encargarse nada más y nada menos que al legendario Ray Harryhausen, pero el bajo presupuesto obligó a hacer el encargo a un estudio mexicano, con los resultados que se pueden observar.

Según cuentan los anecdotistas, cuando Jeff Morrow acudió al estreno de la película en su pueblo natal, aún no la había visto terminada con las escenas del monstruo, las cuales se rodaron posteriormente (los actores tuvieron que “fingir” que la criatura estaba allí), y que cuando éste hizo la primera aparición en escena, el público estalló en una sonora carcajada y Morrow abandonó el lugar con discreción y vergüenza.

Una película que, si bien no aportó nada nuevo al campo de la ciencia ficción y los monstruos gigantes, es aceptable y garantiza risas con la gran ave asesina.

El Planeta de los Dinosaurios (1978)

26/10/2013

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Mucho antes de que Steven Spielberg iniciara la locura cinematográfica de los dinosaurios, estos simpáticos y gigantescos animales ya fueron protagonistas de numerosas películas de ciéncia ficción, pero esta es una de sus primeras apariciones en color.

Una nave espacial se estrella en un desconocido planeta a años luz de distancia.  Todos sus ocupantes sobreviven y se encuentran repentinamente en un planeta con unas condiciones ambientales idénticas a las de la Tierra. Pese a que al principio se lo toman con tranquilidad, descubren la hostilidad del planeta cuando la oficial de comunicaciones regresa a la nave (medio hundida en un lago) a buscar la radio para solicitar ayuda y es atacada por una criatura marina no identificada.

El grupo decide explorar el planeta con la supervivencia como misión prioritaria. A medida que se adentran en lo desconocido, descubren el parecido del planeta con el de la Tierra de hace millones de años (aparte de ir perdiendo parte del poco material del que disponen), incluso cuenta con la presencia de dinosaurios que no les darán precisamente una calurosa bienvenida.

Tras asistir a una lucha entre un stegosaurus y un allosaurus, acampan en lo alto de una colina para tener una mayor cobertura defensiva. Pero pronto descubrirán que la colina es el hogar de uno de los más grandes y fieros dinosaurios: el tiranosaurio.

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Pese a que la trama es de lo más tópica (nave espacial se estrella en planeta desconocido habitado por gigantescas criaturas), la inclusión de gigantescos animales que habitaron en nuestro planeta hace millones de años le da un punto de originalidad. Las criaturas, animadas por un desconocido Stephen Czerkas, recuerdan a los trabajos del recientemente fallecido Ray Harryhausen (no así en cuanto a su calidad, pero se nota la influencia). No hay que negar, eso sí, que los efectos especiales de exposición de las criaturas y los humanos dejan bastante que desear incluso para la época.

La parte negativa son los actores. Bien es cierto que con un presupuesto tan bajo (apenas un millón de dólares, y la mayoría se gastaron en los efectos de los dinosaurios) no se podía esperar tener un elenco de lujo, pero quizás a gente a la que realmente se le pudiera dar la etiqueta de actores y actrices. Y es que en algunos momentos se muestran excesivamente planos o inexpresivos, cuando deberían estar asustados o aterrorizados.

La banda sonora no es nada del otro mundo, y desde luego no es una de esas que pasan a la historia. No obstante, quiero hacer hincapié en el tema principal de la película que, junto a las imagenes que acompañan a los títulos de créditos, ponen las espectativas muy altas, pese a que tiene ese sonido metálico-futurista de los años setenta. Hay que oirlo para entenderlo.

Los dinosaurios siempre han tenido un pequeño lugar en la imaginación de los más pequeños desde el descubrimiento de los primeros esqueletos. Pero no fue hasta los años noventa cuando se pusieron verdaderamente de moda y Hollywood aprovechó el tirón para hacerse de oro.

Un mundo sin fin (1956)

28/10/2011

A lo largo de los años cincuenta se popularizó el género de la ciéncia ficción. Numerosos estudios crearon un sinfín de películas con motivos espaciales. Algunas de ellas han quedado en el olvido; unas pocas de ellas han tenido la suerte de ser reivindicadas por posteriores directores de renombre. Otras fueron un éxito en su momento y han pasado a la historia como clásicos.

Un grupo de astronautas regresan de un viaje de investigación a Marte, cuando se ven atrapados en un campo que acelera la nave hasta velocidades increíbles, haciéndoles perder el control y el sentido. Cuando vuelven en sí, descubren que la nave ha aterrizado en un misterioso planeta, en el que captan altos niveles de radiación. De repente, son atacados por una espécie de arácnidos gigantes de los que consiguen escapar, para a continuación enzarzarse en lucha contra un grupo de humanoides mutantes de gran fuerza física.

Tras sobrevivir a ambas pesadillas, los astronautas descubren una puerta metálica en una cueva, en la que consiguen entrar por invitación de los de dentro, que resultan ser humanos. Una vez recibidos y acomodados, descubren que se encuentran en la Tierra, pero en un futuro muy lejano a su año de procedencia: concretamente en el 2508. Los humanos han evolucionados en dos ramas distintas desde la guerra nuclear de siglos atrás: los mutantes, que se han ido deformando a lo largo de los siglos a causa de la radiación del planeta y los humanos, que consiguieron esconderse bajo tierra y construír una sociedad civilizada sin violencia.

Pronto los astronautas se convertirán en objeto de interés para los nativos, sin embargo algunos desconfiarán de ellos. Mories, uno de los consejeros de este pueblo, siente celos de los astronautas cuando las mujeres muestran interés hacia ellos, especialmente Elain, la hija del líder, quien Moriescree que debe ser suya. Por ello, elabora una trampa para que sean expulsados de su civilización.

Durante la década de los cincuenta y sesenta, fueron muchas las películas que aprovecharon el terror de la Guerra Fría para lanzar un mensaje de alerta ante la posibilidad de la destrucción total de la humanidad por culpa de las armas nucleares. Y esta es una de ellas. Se nos muestra cómo sería una nueva civilización tras dicha guerra, cuando esta empieza a resurgir lentamente.

Más adelante la idea de viajes temporales y campos magnéticos que los provocan sería sobreexplotada hasta la saciedad, pero esta es una de las primeras, por no decir la primera, en recurrir a ello. Otros films sacarían provecho de esa y varias otras ideas de esta película, como por ejemplo El Planeta de los Simios. Aunque no todo son innovaciones. Mucho del material grabado es reciclado de otras producciones de Allied Artists. Las imagenes del cohete, por ejemplo, están sacadas de Vuelo a Marte, de 1951.

El monstruo alado (1957)

19/10/2011


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Cuando hablamos del cine de terror de la Universal Pictures, nos acordamos de clásicos como Dracula, Frankenstein, El Hombre Lobo, La Momia… y de otros clásicos no tan conocidos como La criatura del pantano. Pero lejos de ellos, la productora tuvo también otras muchas películas del género.

El titulo original de la película, The Deadly Mantis, habla por sí mismo del peligro que amenaza a la humanidad en esta ocasión. El monstruo entra en el grupo de los primitivos seres gigantes que quedaron atrapados en algún remoto lugar del planeta (el Polo Norte en este caso), y que a causa de un fenómeno natural despierta tras miles de años de hibernación.

Tras esta introducción, entramos directamente en materia. Una estación meteorológica detecta una sospechosa señal intermitente en el radar y un fuerte zumbido acompañado de una ventisca. Momentos después, la estación queda totalmente destruída. Tras esto, el coronel Parkman intenta sin exito ponerse en contacto con ellos, y decide desplazarse hasta la zona para investigar. Allí encuentra un extraño objeto de grandes dimensiones, y se lo lleva para investigar.

Reunidos en una oficina del Pentágono, varios científicos de distintas disciplinas intentan averiguar el orígen del objeto, pero ninguno saca una conclusión lógica, por lo que se decide llamar al paleontólogo por excelencia: el doctor Nedrick Jackson. Tras observar el objeto con una lupa, concluye que se puede tratar de una parte desprendida de algún tipo de insecto gigante, y que pudiera ser uno de los más peligrosos del reino animal, carnívoro y veloz: una mantis.

Pronto descubren que el animal está trazando un rumbo hacia el sur, probablemente en busca de zonas más cálidas, en Centroamérica, con climas parecidos a los de su hábitat. Pero para llegar hasta allí tendrá que cruzar algunas ciudades y alimentarse. Un batallón de aviones se dispone a interceptarlo y acabar con él.

La película cae en la maldición del documental, y es que utiliza muchas imagenes de archivo para explicar la historia, y además se hacen largar y aburridas. Por ejemplo, la introducción dura siete largos minutos en los que se explica, a modo de propaganda, del maravilloso sistema de Alerta Temprana norteño de los Estados Unidos, sin que en realidad aporte mucho a la historia en si.

En muchas críticas que he leído, la gente se queja de la poca destrucción que ocasiona la criatura comparado con otras películas del género. Y veo aceptable el escaso nivel, ya que no se trata de un monstruo suelto por la ciudad, sino de uno que se dirige hacia zonas cálidas y hace alguna parada de vez en cuando para alimentarse. No tendría sentido que atacara una ciudad para comerse a un par de humanos.

De todos modos, como en casi todas las cintas, las leyes de la lógica no imperan y muchas dudas quedan sin resolver. Aunque siempre se intenta justificar todo desde el punto de vista científico, incluso sin ser expertos en la materia hay cosas que no terminan de convencer. Pero siendo un producto de entretenimiento, no hay que darle muchas vueltas al tema.

¿Me estás hablando a mí?

05/10/2011

Por la noche salen bichos de todas clases: furcias, macarras, malenates, maricas, lesbianas, drogadictos, traficantes de droga…tipos raros. Algún día llegará una verdadera lluvia que limpiará las calles de esta escoria.

Lo bueno del cine es que nos evade de esta realidad que asoma debajo de nuestras casas y nos convierte en seres poco receptivos de miras muy cerradas. Lo maravilloso del séptimo arte es que rompe todas las barreras sociales y morales y nos expande las visiones hacia más allá de lo posible, hacia ese infinito que debe parecerse a lo que hay más allá del universo conocido.

Y con un Big Bang empezó todo.